Dolor
e indignación
Por
Ana María González Lorenzo
El balance de los efectos del terremoto que afectó desde la V hasta la IX
Región, incluyendo a la Metropolitana, indica
más de 800 muertos, pero esta lista no incluye a los desaparecidos. Hoy,
a cinco días de este desastre, nos empezamos a dar cuenta de la real dimensión
de esta tragedia. Y Chile, país de
sismos, ha aprendido poco de estas duras experiencias. Prueba de ello es el
reconocimiento de errores de parte del Comandante en Jefe de la Armada de
Chile, Edmundo González, en la información
proporcionada a la presidenta
Michelle Bachelet sobre la alerta de tsunami.
“El epicentro está en tierra, luego no debiera haber tsunami”, fue el informe
que recibió la mandataria a las 05:20 horas del sábado, casi dos horas después
del terremoto y, sólo comunicaron la posibilidad de que hubiese existido un tsunami a las 07:34 horas; muchos
chilenos ya estaban muertos y desaparecidos y los sobrevivientes, en la zona
costera del Maule, en los cerros.
Hoy, además de la
indignación frente a muertes y dolor que hubiese sido posible evitar, debemos
lidiar no sólo con el miedo a otro movimiento telúrico si no también con el temor a la delincuencia. Y es que no
sólo en Concepción, una de las ciudades más dañadas con esta catástrofe y que
hoy cuenta con una masiva presencia de militares para frenar el pillaje y los
saqueos, existe el riesgo de asaltos en las casas. En Santiago, varias comunas
siguen sin energía eléctrica y los vecinos armados de palos y cuchillos vigilan
sus propiedades. A esto se suman los rumores de saqueo en los centros
comerciales y supermercados y en paralelo las compras impulsivas de alimentos y
combustible que han encarecido los precios.
Las crisis de pánico, el
miedo, la sed y el hambre es la tragedia que se está viviendo en Chile, en
estos momentos. La falta de agua y hacinamiento
está generando una crisis sanitaria de alto riesgo. Se buscan cuerpos en
la playa y entre los escombros: Con angustia se sabe que queda poco tiempo y
será necesario muy pronto remover todo para evitar enfermedades. Por otra
parte, el desalojo de los edificios con
daño estructural tiene a propietarios y vecinos, de estos inmuebles, tensionados por el riesgo
latente de derrumbe.
Este es el Chile que estamos
viviendo hoy. Un largo camino se vislumbra para recuperar la normalidad, que sólo
será hasta la próxima vez que la tierra demuestre su control sobre todos
nosotros.
Aunque este artículo no tiene nada que ver con cuentos o poesía, nuestro corazón está en Chile y vale la pena leerlo.