Se pasó la tarde en el despacho, solo. Sentado en su sillón de lectura observaba la estantería repleta de libros. Todo era silencio. Sus ojos denotaban incertidumbre. Subía y bajaba la mirada escrutando cada uno de los libros del estante. Siempre que deseaba recuperar recuerdos olvidados recurría a ellos. Nunca lo había contado a nadie, quizá por miedo a no ser creído. Nadie sabía que sus recuerdos habían huido de su mente y se refugiaban en los libros. Para los demás (sobre todo para sus hijos), desde que le diagnosticaron la enfermedad él era un hombre sin memoria, huérfano de recuerdos.
Ahora, en el despacho, con sus ojos recorriendo la estantería, buscaba los recuerdos que le trajeran momentos que había vivido (¿o creía haber vivido?) algún día. Por su mente pasaban extrañas imágenes, figuras borrosas; una mujer (¿su esposa?), un niño y una niña (¿sus hijos?), una casa con jardín, una playa, gente riendo...
¿Qué era todo eso? ¿en qué libro se ocultaban los recuerdos que pertenecían a esas imágenes?
La puerta se abre bruscamente; -¡pero papá, llevo un rato buscándote...venga, toma tu medicina! -le espeta una mujer
Sus ojos, que seguían escrutando la estantería, se fijan vagamente en ella, con indiferencia, y pregunta: -¿tú quién eres?
Seguro que en uno de esos libros se esconden los recuerdos que le den la respuesta.