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Colaboraciones

Otro: LIBRO LIBRE

Publicado por marcelo en 29 de Oct de 2006 - 01:06 PM

Otro

Trata sobre el encuentro entre un libro que había logrado alcanzar su "libertad" y otro que aún permanecía prisionero dentro de una triste biblioteca, donde nunca nadie entraba a leer. 

LIBRO LIBRE

(por MAR)

 

La noche acababa de caer en la ciudad cuando el libro decidió dejar de viajar. Quería descansar, estaba muy agotado de andar por todas partes, sin rumbo alguno. Se sentía viejo. Sus días de aventurero definitivamente habían terminado.

 

Entró a la primera Biblioteca que encontró en su camino y sin que el bibliotecario lo viera pasó por recepción hasta llegar a una de las estanterías, donde había un espacio vacío arriba, en la última repisa; ideal para él y sin dudarlo se dispuso a alcanzarlo.

 

Mientras subía lentamente por el mueble notó con nostalgia que los otros libros lucían limpios, con tapas brillosas y duras sin rajadura alguna y con hojas impecables. Parecían nuevos. Él, en cambio, se veía flaco, deshojado. Las pocas hojas que tenía, estaban dobladas y sucias. Ni qué decir de su tapa blanda toda vieja y dañada.

 

Aquello le hizo recordar que tiempo atrás él también fue un libro nuevo, cuando su hogar era una de las mejores Bibliotecas que hay en la ciudad. “Aburrido y deprimido, así me sentía viviendo dentro de esas frías cuatro paredes” murmuró. “Por eso escapé, por eso me fui de viaje. No me arrepiento del precio que tuve que pagar, no importa mi apariencia. Ahora soy viejo pero al fin libre” y continuó el ascenso hasta llegar a la repisa de arriba, donde rápidamente se ubicó en el lugar que había para él.

 

Todos los libros dormían a esa hora de la noche. Él no sería la excepción y luego de lanzar un gran bostezo de tan agotado que se sentía, fue dejando caer sus párpados poco a poco hasta quedar completamente cerrados. De pronto el libro Gordo que se encontraba a su lado abrió sus ojos y al descubrir que tenía un nuevo vecino de aspecto senil, no dudó en despertarle para preguntarle con entusiasmo y curiosidad:

 

“Eres nuevo aquí, ¿verdad? Bueno, no te ves muy nuevo que digamos, me refiero a que tú no estabas antes aquí, ¿no es cierto? ¿De donde vienes?”

A pesar del cansancio, el Viejo le respondió con mucho gusto. “Yo soy el libro que no soportó estar un día más sin ser leído. Viví por mucho tiempo en una Biblioteca, donde nadie me elegía a la hora de leer. Todos mis compañeros encontraban lector, menos yo. Entonces decidí marcharme de allí. He recorrido parques, plazas, cafés, teatros, museos, centros culturales y escuelas con el afán de conocer gente interesante que quisiera leerme.”  

 

Al escuchar esto el Gordo le interrumpió “A nosotros nadie nos lee y el bibliotecario es la única persona que conocemos, pero él no tiene nada de interesante. Cada mañana nos despierta al hacernos cosquillas con su plumero, aquel que usa para dejarnos bien limpios, y después se la pasa sentado en su silla leyendo revistas. Como a este lugar no entra nadie, luego que el bibliotecario nos despierta nosotros al instante nos volvemos a dormir” dijo el Gordo en tono de queja.

 

El Viejo prosiguió. “Yo en cambio hace mucho que no duermo. Desde que comencé a viajar la gente no ha dejado de leerme. Fue así como aprendí muchas cosas. Recuerdo, por ejemplo, aquel cocinero gracioso que me llevó a conocer la cocina de su restaurante, donde accidentalmente dejó caer un poco de salsa en mis páginas mientras me leía, impregnándome por completo con su agradable sabor. Nunca había probado algo parecido ni creo que vuelva a hacerlo.”

 

Pobre Gordo, al oír esto inmediatamente se le abrió el apetito. Sacó unas galletas que al verlas las sintió más desabridas que nunca porque no llevaban salsa y se comió un par de ellas de mala gana, total no tenía otra cosa más para comer. Le invitó algunas al recién llegado y luego le pidió por favor que continúe con su relato.

 

“Después conocí a un locutor de radio, muy buena gente, quien solía leer mis textos a su audiencia durante su programa radial. Usaba siempre la misma música instrumental como fondo para la lectura, que de tanto escucharla se me quedó grabada su suave melodía. Ahora sé que cuando esté triste al cantarla me sentiré mejor” dijo sonriéndole a su robusto vecino, quien no pudo evitar sentir envidia de aquel libro viejo. La única vez que él había escuchado algo parecido a la música fue cuando un día un pajarito ingresó a <personname productid="la Biblioteca"></personname>la Biblioteca por la ventana y con su cantar despertó a todos los libros presentes. “Eso fue hace mucho tiempo que ya me olvidé cómo era aquella canción” dijo el Gordo y al rato comenzó a silbar como queriendo acertar con la melodía correcta sin tener suerte.

 

Esto le pareció muy gracioso al Viejo, quien no pudo evitar comenzar a reírse. Fue tanta la risa que inclusive logró contagiar su alegría al Gordo, quien nunca supo por qué reía. Luego de unos cuantos minutos ambos descansaron de aquel repentino júbilo, momento que fue aprovechado por el Viejo para retomar la narración de otra de sus aventuras.

 

“Era una tarde de primavera. Yo estaba tomando sol echado sobre el césped de un inmenso jardín, cuando de repente una joven estudiante de arte me vio, me tomó y en seguida comenzó a leerme. Se emocionó tanto con la lectura que sin dudar sacó de su bolsón unos lápices de colores con los cuales repasó las palabras que más le gustaron, dándole color a mis textos.” Uno por uno fue mostrándole al Gordo quien asombrado apreció aquel arte que el Viejo llevaba impreso en sus hojas y que enriquecían su lectura. Era la primera vez que veía textos de color y deseó que los suyos, impresos con tinta negra, fueran iguales.

 

“Para concluir” dijo el libro Viejo “el otro día pasé por la plaza principal y vi sentada sobre un banco a una hermosa mujer que estaba escribiéndole una carta a su enamorado que se encontraba lejos. Noté que lloraba y sin pensarlo dos veces me acerqué lo más que pude hasta posarme sobre sus muslos. Ella, que hasta entonces no había notado mi presencia se asustó al principio, pero luego estuvo largo rato repasando su mano sobre mi tapa imaginando que era al amor de su vida a quien acariciaba, mientras yo creía que era a mí a quien ella entregaba su cariño. Como entenderás mi amor no fue correspondido.

 

- ¿Y qué pasó después? - preguntó el Gordo impaciente.

 

“Nada, que ella me usó como cama para que la caligrafía le saliera mejor, terminó su carta y luego se fue, dejándome sobre el banco de aquella plaza. Pero me olvidé mencionarte el motivo principal que me llevó a contarte este recuerdo. Aquella hermosa mujer luego de terminar de escribir la carta y antes de meterla en el sobre, la roció con su perfume sensual dejando caer accidentalmente algunas gotas sobre mis hojas, perfumándome por completo con su dulce fragancia. Es lo más romántico que jamás haya vivido” concluyó el Viejo sintiéndose el libro más dichoso del mundo.

 

- ¿La volviste a ver? - volvió a preguntar el Gordo.

 

- No. Mira, estoy muy cansado, te ruego me dejes dormir. Es suficiente por hoy. Mañana si quieres te sigo contando más.

 

- No entiendo. Si afuera pudiste vivir cosas tan maravillosas, entonces ¿qué haces aquí dentro de esta triste biblioteca? ¿Acaso no prefieres seguir viajando y disfrutar de más emociones?

 

- Ya viajé demasiado. Ahora sólo quiero descansar. - Ignoró la presencia de su robusto vecino y se durmió.

 

El Gordo quedó pensando en todo lo que había escuchado aquella noche. No lograba conciliar el sueño, muchas ideas rondaban por su cabeza. Ya no quería seguir siendo un libro más que se la pasaba todo el día durmiendo sin hacer nada interesante. Quería vivir la vida intensamente. Ya no quería esperar más a que alguien llegara a darle sentido a su vida. Quería salir en busca de su destino. No importaba si esto le significaría perder el aspecto bonito de su tapa dura y elegante. Estaba dispuesto a hacer sacrificios. Porque en el fondo, esa imagen de libro nuevo de nada le servía sin nadie quien lo tomara en sus manos y leyera con cariño. Porque en el fondo esa comodidad y seguridad que <personname productid="la Biblioteca"></personname>la Biblioteca le había proporcionado por tantos años, de nada le servían sin nadie quien le pusiera sabor, música, color y olor a sus textos.

 

Imágenes de aventuras y sueños de libertad fue entretejiendo su mente hasta caer dormido, sin darse cuenta.  

 

Al día siguiente cuando el libro Viejo se despertó vio con alegría que el Gordo ya no estaba. 

 

 

Escrito por Marcelo Alarcón Bravo el 15/09/06

Santa Cruz – Bolivia

mab@cotas.com.bo

Notas: Cuento inspirado en una charla que tuve con mi amigo Miguel Rivas sobre mi participación en un concurso de cuentos promovido por la Fundación Simón I. Patiño de mi ciudad (Santa Cruz de la Sierra - Bolivia)


 
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