Antes de nada me presento soy Mónica y vivo en la maravillosa isla de Mallorca.Os conocí a través del concurso de cuentos de agua en el que participé y soy asidua a esta página desde entonces. Os envío un relato hiperbreve que escribí no hace mucho se titula: Pepe Espada, espero que os guste, no es una maravilla literaria pero me resulta entrañable.
Actualmente escribo mi segunda novela, la primera: El ombligo de las almas, la tengo publicada en Yoescribo.com donde se puede descargar de manera gratuita y ha sido segunda clasificada del III CERTAMEN de NOVELA de dicha página, estoy deseando poder publicarla 'de verdad'en papel y quería saber (supongo que todo el mundo os pedirá y preguntará lo mismo) si podeis aconsejarme de editoriales que se centren en publicar a escritores nóveles, o algún consejo, ya que 'las grandes' son claramente inalcanzables. Si me facilitais una dirección me encantaría remitírosla con mis mejores deseos y en agradecimiento por vuestro desinterado interés a la literatura y a todos los locos que vivimos por ella.
Un saludo desde mi isla,
Mónica
PEPE ESPADA
Pepe Espada decía que era un pez. Si alguien le preguntaba el porqué de su aspecto humano, le contestaba que era un simple error genético aún sin identificar, pero que él era un pez de agua salada e iría volviendo a su aspecto natural, o es qué acaso nunca habían leído a Kafka y el proceso de una metamorfosis.
Su casa se encontraba entre las rocas, era de color azul añil, por dentro azul turquesa como sus diminutos ojos y de color verde musgo el suelo. La casa olía a mar, ese olor que sólo sientes cuando metes las narices en alta mar, olor a sal, miles de seres vivos y agua. Las paredes estaban forradas de papel de burbujas, con el que se protegen las cosas para que no se rompan cuando las mandas por correo. Pepe Espada se enfadaba mucho cuando alguna visita se apoyaba en las paredes y tic tic las iba reventando con el dedo. 'Son mis burbujas, mi aire, lo más parecido a mi verdadero hogar debajo del agua' reprendía enfadado.
- ¿Dónde están tus escamas? - Le cantaban los niños cuando se metía en el agua día trás día, año trás año, con su ajustado y reducido bañador azul y una especie de aletas en los pies de fabricación casera.
'Estos niños, no aprenden nada en el colegio ¿siguen sin leer a Kafka?' pensaba mientras hacia sus ejercicios respiratorios antes de meterse en su adorado mar. Esa semana de agosto la playa estaba llena de colchonetas y peligrosos niños con gorro, cubo y pala, se sumergió y más de cincuenta minutos después lo arrastró hasta la orilla un aturdido bañista.
- Abran paso, se ha ahogado, no sé la de tiempo que llevaba hundido en el fondo.
Pepe Espada abrió de golpe los ojos y comenzó a sufrir tales espasmos que casi no podían contenerle entre siete hombres. Cuando llegó la ambulancia estaba ya con el rostro amoratado y sólo sufría unas débiles convulsiones.
- ¡Doctor, este hombre se ha ahogado, tiene los pulmones encharcados de agua!—gritaba el camillero.
- Pero que bestias sois...si leyerais más... - susurró Pepe Espada, con los ojos rojos y fuera de sus cuencas mientras exhalaba su último suspiro.
- No me pregunten como, pero lo que ha tenido este hombre es una axfisia por oxígeno - dijo el médico sin apartar la mirada del cuerpo sin vida de Pepe Espada, del reducido bañador turquesa, de las aletas de goma caseras, de un brote de alga enano que parecía crecerle del hombro y de un par de peces diminutos que llevaba adheridos en el brazo y que ya no respiraban.